4.2. El cine en la clase de historia

El cine nos lleva al pasado, sugiere una atmósfera (Sorlin, 2005 p. 20)

 

Cualquier material audiovisual contiene ciertas potencialidades para dinamizar la clase y para acercar el pasado al estudiantado, es una herramienta que puede colaborar en una recreación posible de ese pasado y, de ese modo, acercarlo a la mente de los adolescentes y jóvenes.

Nos gustaría ofrecer algunas reflexiones en torno a ciertas discusiones sobre el papel del cine en tanto fuente histórica y en cuanto a herramienta concreta de enseñanza. Con esta finalidad ofrecemos algunos materiales de lectura especializados en esta temática y aquí compartimos algunos puntos de vista que se podrán profundizar en esas lecturas.

El papel del cine histórico va más allá de su utilidad o no en la enseñanza. Existe una discusión en torno a la visión del cine que recrea el pasado. En términos generales, el papel de los historiadores (y el de los profesores de historia) ha sido buscar cuánto se acerca la película a la “verdad histórica” es decir, al relato que la academia ha construido sobre un determinado hecho histórico y el mayor desafío, parece ser encontrar todos los defectos, las fallas que tiene una determinada película. Por momentos parece que se busca más fortalecer los conocimientos de cada uno, que prestar atención a la producción cinematográfica. Desde hace ya más de 30 años, algunos historiadores de diferentes países proponen otros puntos de vista sobre este asunto, basados en que el desafío no es buscar similitudes entre el relato del cine y el de la historiografía, sino considerarlos como relatos diferentes para acercarse al estudio del pasado. En ese sentido, Rosenstone (2008) dobla la apuesta y plantea que “el cine histórico es, en sí mismo, una forma de hacer historia, siempre y cuando entendamos «hacer historia» como el intento de dar sentido al pasado. Esta forma visual del pensamiento histórico no puede ser juzgada con los criterios que aplicamos a lo que sucede en la página, sino que existe en una esfera separada, una que refiere, interpreta y, a menudo, desafía la historia escrita.” (en Camarero y otros, 2008, p.10). En definitiva, el planteo del autor afirma que el cine maneja lenguajes diferentes a la historia escrita y, por lo tanto, no tiene sentido pedirle que se parezca a los libros de historia. De hecho, las películas en muchos casos, deben inventar personajes, o concentrar varios personajes en uno solo, modificar tiempos y escenarios, obviar detalles y resaltar otros porque su finalidad no es producir un relato histórico sino una película para un público no necesariamente especializado. Son justamente esas invenciones las que, en muchos casos, acercan el pasado al presente y así se convierten en uno de los grandes aportes del cine histórico y  en un dispositivo muy enriquecedor para el trabajo en el aula.

Estas afirmaciones se adecuan acertadamente a la película que nos proponemos analizar que no trata una historia de vida verdadera, no es la historia de tal persona, sino un compendio de historias que se concentra en un personaje ficcional pero verosímil. Al decir de una expresa política participante de un foro en el que se presentó la película “todo lo que cuenta la película pudo haber pasado así, tal cual”

 “El cine creó, para sus espectadores, una impresión de familiaridad, de presencia casi directa.” (Sorlin, 2005, p.14) Con esta afirmación de Sorlin queremos introducir un tema central que refiere a la fuerza de la imagen y aún más de la imagen en movimiento a la hora de recrear situaciones del pasado. Aquello que en una descripción puede implicar una inmensa cantidad de adjetivos para describir un paisaje, un tiempo determinado, un personaje, una forma de vida, unas costumbres, en una película se nos presenta con toda claridad en una breve secuencia. 

Aquí importa hacer algunas aclaraciones, una de índole histórica, quizás lo que muestra el cine no es exactamente la realidad, como ya aclaramos en párrafos anteriores. Hay que señalar que la finalidad de las películas no es producir historiografía, por lo tanto, se supone que tienen la libertad correspondiente para recrear el pasado de acuerdo a las reglas que rigen la cinematografía y no la historia. Por otro lado, en muchos casos, no tenemos reconstrucciones exactas del pasado, por lo tanto, lo que proponen algunos estudiosos es preocuparnos más por la verosimilitud que por la veracidad en las películas. O sea, poner atención en si los paisajes, los personajes, los acontecimientos, efectivamente pudieron ser más o menos del modo en que se muestran, dado que no siempre sabemos con certeza cómo fueron. Y cuando utilizamos una película en clase es imprescindible realizar estas aclaraciones, mostrar las invenciones o adecuaciones que realiza el cine para no perder sus características propias.

La otra aclaración es de orden didáctico y refiere a la importancia de dialogar con los estudiantes en torno al principio de representación y de construcción, es decir aclarar que la mayoría de los relatos que se trabajan en una clase (salvo cuando se trata de fuentes propiamente históricas, o sea fuentes documentales de época) son representaciones y construcciones realizadas por una comunidad académica, pero que no son la verdad en sí misma. En este sentido el cine puede ayudarnos a complementar la realidad que buscan relatar los historiadores.  “El cine pone ante nuestros ojos objetos y prácticas que ya no existen, cuya huella se encuentra en los textos sin que éstos logren hacer que los percibamos.” (Sorlin, 2005, p.19)

Otro aporte importante del cine para la enseñanza de la historia refiere a la popularización que las películas han hecho de algunos acontecimientos que, quizás, de otro modo, serían bastante más desconocidos para el público en general y para los estudiantes, en particular. Al respecto hay muchos casos en la historia del cine, y esto también depende de las épocas, pero muchas veces nos sorprendemos en una clase cuando los estudiantes reconocen personajes de la mitología griega, o dilemas de la guerra fría o los poderes del faraón en Egipto porque una determinada película se puso de moda. En estos casos, y, siguiendo el planteo del párrafo anterior, la enseñanza del docente es sustantiva a la hora de ubicar con precisión los procesos históricos que le interesan y el abordaje que haya elegido para trabajarlo, pero, el interés y un cierto conocimiento general, por parte de los estudiantes, obtenido a partir del visionado de una película, ya puede ser un interesante punto de partida, aunque el docente tenga que reconstruir parte de un relato ficticio o equivocado.

Como dice Sorlin “Los temas históricos han sido un recurso para el cine, mientras que las películas, por su parte, han contribuido a la popularización de la historia. La influencia del cine no tiene otro equivalente más que el de la literatura en la primera mitad del siglo XIX.” (Sorlin, 2005, p.26 y 27)

Resulta interesante también, tener en cuenta la atracción que despierta el lenguaje audiovisual y con el cual es difícil que el relato del historiador pueda competir. “Como la novela, la película entretiene instruyendo, comunica una visión del pasado que los historiadores a veces encuentran discutible, pero que no por eso deja de ejercer una fuerte atracción sobre el público.” (Sorlin, 2005, p. 28) 

Rosenstone va más allá, al plantear que el cine histórico de ficción buscaser provocativo, puesto que crear un pasado en la pantalla escandaloso y controvertido fuerza a la sociedad a establecer un debate abierto sobre cuestiones históricas importantes.” (Rosenstone, 2008, p.16 en Una ventana indiscreta) Es decir que ése es el componente que lo hace atractivo, mostrar el drama de la vida y si ese drama no es del todo “real” o “verídico” pero resulta útil para poner un tema histórico en el debate social, y especialmente, en el debate en una clase, eso ya es un aporte muy interesante. Incluso en muchos casos, el cine histórico de ficción muestra algunos temas o casos que las historias oficiales no han podido o querido mostrar y ése puede ser otro aporte a tener en cuenta (Rosenstone, 2008).

Marc Ferro, historiador francés, dedicado a este tema durante gran parte de su trayecto intelectual, en un trabajo pionero sobre la relación entre el cine y la historia llega a afirmar que lo que se muestra en algunas películas históricas  “ya no es simplemente una reconstrucción o reconstitución, sino que realmente es una contribución original a nuestra compresión de los fenómenos pasados y su relación con el presente.” (Ferro, 1980 en Rosenstone, 2008).

Será tarea de los docentes, vincular esa historia que se muestra en una película y compararla, ponerla en diálogo con lo que dicen los historiadores (que, por cierto, muchas veces, también ofrecen distintas lecturas del pasado) para que los estudiantes puedan realizar pequeñas investigaciones sobre la reconstrucción del pasado a través de diversos relatos.

Cerramos este apartado con nuevos aportes de los especialistas que han nutrido esta síntesis.  “Lo importante entonces no es criticar sino comprender cómo la película, relato hecho de fotografías animadas, logra seducir al mismo tiempo que ofrece un mensaje. Ahí está una de las tareas que se han impuesto los historiadores que estudian las producciones audiovisuales.” (Sorlin, 2005, p. 28)

Efectivamente, junto a los historiadores debería estar el aporte de los profesores que se propongan conjugar esa seducción que provoca el lenguaje cinematográfico con los aportes sobre los procesos históricos que aportan los historiadores. Una vez más, el rol docente como  mediador entre el recurso y los sujetos de aprendizaje es fundamental.

“El cine histórico crea interesantes imágenes, secuencias y metáforas visuales que nos ayudan a ver y pensar sobre lo que ha sido el pasado, aunque no proporciona verdades literales (como tampoco lo hace la historia escrita) pero sí verdades simbólicas o metafóricas, cuyo objetivo es, en gran medida, comentar o desafiar las narrativas históricas tradicionales. En cierto sentido, el cine nos devuelve a una especie de zona cero con respecto a la historia, nos hace darnos cuenta de que realmente nunca podremos conocer el pasado, sino que únicamente podemos intentar reconfigurarlo y tratar de dar sentido a sus huellas.” (Rosenstone, 2008, p. 18).  

Este aporte de Rosenstone nos permite profundizar sobre el papel de los docentes a la hora de transmitir el objetivo de la historia como disciplina que no busca verdades absolutas sobre un pasado que es imposible de reconstruir con literalidad, sino que intenta posibles explicaciones sobre ese pasado. Para ello construye un relato que muy bien puede ponerse en diálogo con el relato que construyen los cineastas y los novelistas para buscar un acercamiento desde distintas perspectivas a ese pasado que siempre resulta inasible en su totalidad. Cuanto más profundo y complejo sea ese diálogo, seguramente más ricas serán las experiencias que los docentes puedan ofrecer al estudiantado.